pues no, hoy no toca dormir, es lo que tiene q a uno lo manden no a la conchichina, pero sí a prácticamente 10.000km de la que viene siendo su residencia habitual durante los últimos ya casi 5 añitos. en fin, qué les voy a contar, nada q no se resuelva con algo de alcohol y/o alguna que otra droga e inflarse a lo q sea, cine, libros, comics, música; incluimos dentro de las temáticas el cine de terror (si es q al cine de  john carpenter se le puede denominar como tal), series cutronas y llenas de tópicos más falsos q el alma de judas tanto da q sean americanas o españolas, cualquier cosa de rollo solidario, por supuesto no pueden faltar cuestiones tan reales como el tráfico de drogas, la trata de blancas, la violencia física y psíquica desalmada y gratuíta, obsesiones ignoradas y negadas, muchas y grandes dosis de hipocresía y tontería, y por su puesto, por encima de muchas cosas el porno; no lo neguemos, el sexo nos trae de cabeza;

en fin, un poco de entretenimiento lúdico, procurando que sea de lo más variado posible con la sana intención de hacer algo más llevaderas las horas anteriores si no al despertar, sí previas al curro de mañana…

así q en estas estoy; aprovechando q hace mucho q no le daba a la tecla, con la esperanza de hacer este sitio cada vez más mi sitio (q no se crean, q esto es como la vida misma); tras haber dejado por el camino algún q otro lector y contando con que los que recalen por estos lares no tengan q pensárselo dos veces antes de coger las de Villadiego.

y en estas estoy digo, q entre tanto hastío he recordado un libro q he leído recientemente y con el q he disfrutado como un enano. desde hacía tiempo tenía ganas de leer al javier reverte y tras el viaje de este verano pasado la oportunidad me la han pintado calva. los caminos perdidos de áfrica. son varios los motivos que me empujan a recomendar el libro, aunq el realmente importante es q me ha llegado en el mismo sentido a cómo te llega una pieza de música cuando te llega, o dicho de otra forma, es capaz de expresar sentimientos que soy incapaz de transformar en pensamientos:

la fe mueve montañas, [...] ; pero al fin genera tempestades que arrojan a los hombres comunes a un porvenir incierto. la fe está bien para uno mismo, para levantarse a solas desde la tristeza y la derrota, confiando en la fortaleza y el coraje del propio corazón en el duro y perplejo camino de la existencia. es, entonces, un sentimiento noble. pero la fe en un salvador que clama en el desierto en nombre del bien y en días de incertidumbre, si alcanza a convertirse en una catarsis colectiva, sólo conduce a la sangre, a muertos incontables y, para los que sobreviven al desastre, a la melancolía, el rencor y la locura del alma.

[...]

la tarde de mi llegada, [...] parecía un lugar casi despoblado. se me encogió un poco el alma pensando en la longitud del tiempo muerto que se tendía por delante. pero todo, inesperadamente, se llenó de vida y yo lo gocé con intensidad. comprendí aquello que escribía Théodore Monod: «el desierto te pule el alma, nos enseña a no gemir, a no dejar hablar inútilmente. es un educador severo que no deja pasar debilidad alguna. es una escuela que nos obliga a tirar la quincalla de los pensamientos, a fortalecerlos. en el desierto, el cerebro pone rumbo hacia adelante. estamos por fin libres de futilidades y de lo inútil de los parloteos. el desierto no es complaciente, esculpe el alma».

[...]

«—el cielo aquí es muy extraño. a veces, cuando lo miro, tengo la sensación de que algo muy sólido, allá arriba, nos protege de lo que hay detrás.

»—¿qué hay detrás?

»—nada, supongo. solamente oscuridad, la noche absoluta.»

[...]

en el desierto, durante el atardecer, las sombras se vuelven rojas antes de que la noche devore los contornos del mundo. hice fotos desde la colina: al río, al desierto, a la lejana línea de montañas azuladas, al remoto perfil del halfa urbano… y en un momento en que giré sobre mi mismo y mi sombra se proyectó contra una cortada de piedra enrojecida, me encontré apretando el obturador para retratar la figura de aquel espectro que no era otra cosa que mi cuerpo dibujado en la roca. y fue entonces cuando sentí que no era nadie, mientras silbaba un viento tenue en mis oídos, que la luz que daba en mis espaldas me disolvía, que mi identidad iba a esfumarse cuando cayera el sol y yo quedara inerme en brazos de la noche, ahogado ante el feroz estallido de la nada.

menos que un grano de arena o que una piedra muerta…, una sombra, un pedazo de humo que iba a llevarse a quién sabe qué lugar, en unos instantes, el aire seco.

se ponía el sol y el pálpito de la vida parecía agonizar a mi alrededor, mientras se difuminaban las curvas de las sierras y la línea amarilla del disierto, mientras la roja sangre del cielo iba siendo absorbida por la intensidad violenta del silencio.

sentí que mis pies pisaban el cadáver de un planeta perdido en el espacio desde millones de años atrás. ¿qué podía ser yo en aquel mundo irremediablemente muerto?

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